
Contempló el soñador, cómo sus sueños habían sido víctima de un turbulento torbellino que los había desordenado y enredado todos... Primero se sentó a llorar y luego de unos instantes reflexionó, miró hacia ambos lados, cerro los ojos y soltó una carcajada. Se levantó de un brinco y sonriendo retomó sus sueños, los ordenó de nuevo, y siguió soñando...
(...Lo bueno de todo, es que no soñó para siempre, pues hizo sus sueños realidad...)



