Perdón por todo aquello...

Caminaba lentamente por la plaza rumbo a quizás quien sabe donde, con el abrigo negro cerrado hasta el cuello, tapandole las heridas que llevaba por dentro.
Algunos decían que flotaba, pero el quiebre de las hojas de otoño bajo sus pies, evidenciaban claramente que aun caminaba por este mundo perteneciendo al mismo y no como una triste visita del más allá... (aunque en ese entonces hubiera dado todo por que así fuese).
Muchos la veían avanzar día a día, pero jamás recordaban su nombre. Ella siempre espero por alguien que la llamara y le hiciera señas, para así intentar sonreir y olvidarse de si misma un momento, pero como era cobarde a menudo solía pensar que era mejor que lo anterior no sucediese, pues tal vez hubiese quedado en rídiculo al no recordar como sonreir.
Por mi parte la vi muchas veces de cerca e intenté acercarme a ella, pero usaba su abrigo como un escudo y cuando la mirabas demasiado, su rostro cambiaba de indefenso a amenazador: "es una tacaña" - comentaban algunos - "una antisocial"- corregían equivocados los otros...
Pero yo creo que sencillamente no sabía como enfrentarse al mundo... o eso supongo, tal vez no quería seguir sangrando más porque la heridas le dolían... Pero afortunadamente en uno de los primeros días de primavera, mientras caminaba, un hombre la miró como nadie la había mirado antes, directo a los ojos y al corazón.
Dicen que fue un choque tremendo el de esos dos corazones errantes, así como si dos trenes hubiesen colisionado de frente a toda velocidad...
Nadie pudo entenderlos, sólo los vieron y los calificaron desde afuera: "raros" - comentaban algunos - "inadecuados"- corregían equivocados los otros...
El asunto es que pese a todo se veían felices, aunque hay quienes dicen que pasaron por momentos malos... pero yo creo que su amor era más grande que las miradas de todos quienes juzgabamos, aunque ella en un principio no quiso desabotonarse el abrigo negro.

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