Culpas pretéritas

- ¿Qué piensas mi niña? - preguntó Él, en voz baja.
- Pienso - replicó triste y vagamente Ella - en el momento justo en que todo se nos hizo gris...
- No pienses en eso, niña. - murmuró Él despacio, e inclinando la cabeza hacia abajo agregó - Piensa en que aun cuando todo se nos hizo gris, nuestras manos siguieron unidas...
Y allí se quedaron, sentados, abstraidos, viendo pasar el tiempo, imaginando y esperando el nuevo sol...

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